S. Superstar

No quisiera convertir este blog en un monográfico sobre las andanzas de S., pero a menudo sucede que su comportamiento es el termómetro de lo que sucede en clase. Si bien es cierto que tras la regañina general de L. se ha notado una mejora tanto en el comportamiento como en el rendimiento académico de casi todos los alumnos -esto último, debido sobre todo a la inminente entrega de las notas de este trimestre-, hoy los ánimos (o los desánimos) andaban alteradillos. Será, digo yo, la llegada del buen tiempo… Después de tanto frío y tanta lluvia, dos días de sol han elevado la moral de la tropa quizás más de la cuenta. Si añadimos que estamos hablando de (no tan) niños y niñas con las hormonas en plena efervescencia, pues bueno, hasta cierto punto todo entra dentro de la normalidad.
Pero, volviendo a S., podríamos decir que para él no existe la total normalidad. Cuando está trabajando mucho y se está portando bien hasta resulta encantador, pero a los dos minutos puede empezar a hacer cosas raras y tienes que contar hasta diez para mantener la poca calma que te queda. Hoy ha vuelto a hacerse pis encima, no ha hecho ni caso a la logopeda, ha trabajado poco y mal, ha chinchado a la compañera que  se sienta a su lado…  Un auténtico show.
Ni siquiera le ha afectado mucho que en la mesa de la profesora haya estado bien visible durante todo el día la “cara enfadada” recortada en papel, algo que habitualmente no soporta, y que normalmente trata de convertir en una “cara alegre” mejorando su comportamiento.  En fin, S. se ha pasado un buen rato castigado en la biblioteca, y los demás, a esperar a ver cómo viene mañana.

Las cartas sobre la mesa

Otro día para recordar.

Ayer, L., cansada ya de echar broncas porque bastantes alumnos no hacen gran cosa, pidió a cada niño de la clase que escribiera una carta -para hoy- en la que expusieran sus opiniones, su situación personal, etc. porque el rendimiento general está bajando mucho y eso influye en todas las actividades. Sin ir más lejos, ayer hubo un buen número de alumnos castigados a estudiar durante el recreo y las dos sesiones de Plástica fueron sustituidas por sesión de estudio. ¿Sirve esto para algo? Sinceramente, creo que no, pero…

Pues bien, hoy, a primera hora, tocaba leer en público las cartas. Algunos lo hicieron de forma un tanto rutinaria para salvar el trámite, pero otros se sinceraron y aportaron información de mucho interés; y emoción, mucha emoción.
Dos niñas y un niño han llorado mientras leían sus cartas. Otras dos lo han hecho un poco después. Y a mí -menudo tipo duro- me ha faltado bien poco. Tienes que ser de piedra para no conmoverte cuando estas dos niñas, R. y G., hijas de emigrantes dominicanos y ecuatorianos respectivamente, que se expresan por escrito con mucha dificultad, cuentan que otros niños las insultan; o cuando una de ellas dice que quiere estudiar mucho para alcanzar el nivel de los demás y “no tener que llevar libros de 5º”; o cuando el chico, bromista redomado en el día a día, cuenta que su padre ha encontrado trabajo y ahora él se pasa todo el día solo; o cuando él mismo, entre lágrimas, lee: “no me gusta que la profe ni mi madre me miren fijamente a los ojos porque es difícil asumir las cosas”.
Y no son los únicos; muchos niños viven difíciles situaciones personales y familiares que sólo a veces intuímos.

Mientras los niños leían sus cartas, L. iba apuntando en la pizarra cosas como: “sólo estudio treinta minutos”; “me aburro”; “nos gustaría que la profesora nos riñera menos, aunque sabemos que es por nuestro bien”, “ojalá todos fuésemos amables y no nos insultásemos”, etc. Después, ha hecho una puesta en común haciendo mucho hincapié en que lo principal, en la escuela, es formarse como persona. Para ello es fundamental el respeto y la ayuda mutua.
Y bueno, por lo menos durante el resto del día, muchos niños que estaban reñidos han hecho las paces, todos se han comprometido a mejorar -que no es poco- y el ambiente en clase ha sido más relajado que de costumbre. Que dure.

PD- SA., una niña de Compensatoria que no tenía que escribir la carta -tiene un nivel de 1º o 2º- ha llorado también mientras escuchaba a sus compañeros, y le ha pedido a la profe si ella puede escribir otra carta y leerla mañana. S. es una niña muy cariñosa y trabajadora. Ya os contaré.

Expediente S.

S., el niño de mi clase con síndrome de Down, lleva unos días mucho peor. Si ayer vino con unos arañazos en la cara que él mismo se hizo, hoy ha vuelto a tener un comportamiento muy malo. Es muy posible que, entre otras razones, S. esté así porque lleva unos días con nueva logopeda. Nueva y encima mujer… ¡Más de lo que S. puede soportar! El primer día con ella, aparte de -por supuesto- acabar con su paciencia, se hizo pis encima. Pues bien, hoy ha vuelto a repetir su “proeza” durante la clase de Religión.  
S. es capaz de pedir permiso para ir al baño o aguantar un poco, pero está claro que lo ha hecho adrede aprovechando que hoy no ha podido venir el técnico que siempre le acompaña y su tutora y yo estábamos en otra clase, en un desdoble con los chicos que no hacen Religión.
Pero aquí no acabó todo, para colmo ha acabado pegando a una niña más pequeña en el recreo. Por aquí dice algún profesor que el gran problema es que los niños no le devuelven las “caricias”…
El tema S. es ciertamente peliagudo. La mayoría de profesores -entre los que me incluyo; ya tengo una opinión después de unas semanas de observación y convivencia con él-  creen que S. debería estar escolarizado en un colegio de Educación Especial.
Después de cuatro años en este centro, sus avances, sobre todo en autonomía, convivencia con los compañeros, normas de comportamiento e incluso en el desarrollo del lenguaje, han sido muy pequeños.
Su madre, que es logopeda del centro (de baja, yo todavía no la conozco) quiere que siga aquí, para tenerlo cerca y porque piensa que es mejor para él. Pero empiezo a darme cuenta de que es la única persona que piensa así. ¿Qué sucede? Que siendo una compañera -y con un carácter, según me cuentan, algo especialito- parece que no hay nadie que esté por la labor de decirle las cosas bien claras. 
Como decía, un asunto un tanto espinoso, en el que posiblemente S. acabe siendo el gran perjudicado.
Se supone que S. debe desarrollar ciertas capacidades y llegar a ser mínimamente autónomo. Desgraciadamente, no siempre va a estar su madre con él. Es ley de vida.

Días extraños

El día ha empezado raro, ha seguido raro y ha acabado raro, como el tiempo. ¡Qué frío hacía hoy! Corría un aire que te dejaba tieso, y encima a L. y a mí nos ha tocado patio.

S. ha llegado hoy con unos arañazos considerables en el cuello y en la cara. Está claro que se los ha hecho él mismo durante el fin de semana, pero para curarnos en salud, le hemos llevado al director para que lo viese y L. lo ha apuntado en su registro individual de incidencias. Toda precaución es poca en casos así. Afortunadamente, ha estado tranquilo el resto del día, algo que no se puede decir del resto de sus compañeros. La clase ha estado hoy un poco alborotada, muchos no han hecho los deberes… En fin, será porque es lunes.

Entre otras cosas, hoy ha tocado lectura en voz alta (estrenamos nuevo libro: “La vuelta al cole del pequeño Nicolás”: ¡me encanta el pequeño Nicolás!), examen de comprensión lectora y corrección de la prueba CDI ((Conocimientos y Destrezas Indispensables) de Lengua. Desde este momento y hasta que lleguen las pruebas CDI oficiales, los alumnos realizarán pruebas similares para aprender sobre todo la forma de enfrentarse a ellas. A última hora, en Habilidades Sociales, los alumnos han trabajado en grupos para elaborar un mural con el tema: “lo que me gusta y lo que no me gusta del grupo, de la clase”. Me he ido pasando por los grupos y la tónica general ha sido la de la discusión y el desacuerdo. Ya he dicho que ha sido un día raro. Para todos.
Strange days have found us…”, cantaban The Doors.

Aquellos maravillosos años

Han volado ya dos semanas de Prácticas y, como diría Nacho Vegas, “es hora de recapitular…”
De momento, todo perfecto: mi relación con la tutora -de la que estoy aprendiendo mucho, sobre todo en el aspecto de organización y orden en el aula- es estupenda; con el resto de profesores, bien, vamos conociéndonos; y con los niños… ¡Pues que os voy a contar!
He sido muy bien acogido por todos, incluso por E. y S., a priori los alumnos más “difíciles”. Tienen sus días, pero vamos estableciendo cierta complicidad. Si hasta S., un par de veces, me ha dicho “guapo”; lo que no quita que a los diez minutos me llame “tonto” o cualquier cosa peor.
Lo cierto es que a estas edades todo se vive muy intensamente y a los niños no les cuesta nada demostrarte su cariño. Sólo llevamos dos semanas y mirad qué dibujo me han dedicado. Os podéis imaginar lo contento que estoy… 

¡Fuerza Chile!

Que el autor de cómics argentino Liniers hable por mí:

Ay, las mates…

Qué mejor forma para acabar un largo día de clase que con un examen de mates…
Lo cierto es que se mascaba la tragedia, pues la hora antes del examen la habíamos dedicado a corregir ejercicios con resultados algo desalentadores. Y es que parece que a estas alturas (¡con lo que falta aún!) la muchachada anda pensando, más que en MCDs y en mcms, en el fútbol o en chicos. O por lo menos, eso es lo que parece.
Así que en el examen parece que muchos han olvidado de repente lo que se sabían muy bien. El “profe, yo lo sé, pero se me ha olvidado”  es una frase muy socorrida. Un niño, el pobre, se ha puesto a llorar en medio del examen, y no encontraba consuelo porque no le salía una  de esas divisiones que más que divisiones parecen portaaviones. Yo le he dicho que no se acaba el mundo porque no nos salga una división…
En fin, no dramaticemos, nada que no se pueda arreglar con un pequeño rapapolvo general por parte de la tutora y, por supuesto, poniendo todos un poco más de nuestra parte. Y es que, de vez en cuando, hay que ponerse un poco serio.