S. Superstar

No quisiera convertir este blog en un monográfico sobre las andanzas de S., pero a menudo sucede que su comportamiento es el termómetro de lo que sucede en clase. Si bien es cierto que tras la regañina general de L. se ha notado una mejora tanto en el comportamiento como en el rendimiento académico de casi todos los alumnos -esto último, debido sobre todo a la inminente entrega de las notas de este trimestre-, hoy los ánimos (o los desánimos) andaban alteradillos. Será, digo yo, la llegada del buen tiempo… Después de tanto frío y tanta lluvia, dos días de sol han elevado la moral de la tropa quizás más de la cuenta. Si añadimos que estamos hablando de (no tan) niños y niñas con las hormonas en plena efervescencia, pues bueno, hasta cierto punto todo entra dentro de la normalidad.
Pero, volviendo a S., podríamos decir que para él no existe la total normalidad. Cuando está trabajando mucho y se está portando bien hasta resulta encantador, pero a los dos minutos puede empezar a hacer cosas raras y tienes que contar hasta diez para mantener la poca calma que te queda. Hoy ha vuelto a hacerse pis encima, no ha hecho ni caso a la logopeda, ha trabajado poco y mal, ha chinchado a la compañera que  se sienta a su lado…  Un auténtico show.
Ni siquiera le ha afectado mucho que en la mesa de la profesora haya estado bien visible durante todo el día la “cara enfadada” recortada en papel, algo que habitualmente no soporta, y que normalmente trata de convertir en una “cara alegre” mejorando su comportamiento.  En fin, S. se ha pasado un buen rato castigado en la biblioteca, y los demás, a esperar a ver cómo viene mañana.

La Ley y el Orden

Dos aspectos del día al día en el aula que más me han llamado la atención son la buena organización y la disciplina existentes. Ambas son fundamentales para el buen funcionamiento del grupo y para una mínima convivencia. No olvidéis que mi grupo es un 6º, con algún que otro “pieza” que hay que marcar de cerca.
En la clase hay un cuadrante de “Encargados”, que rotan semanalmente en sus funciones: 
– Recados
– Filas
– Reparto de libros
– Bolsa de aseo
– Biblioteca
– Balón
– Simulacros
– Delegado
Es muy curiosa la figura del “filero”, encargado de la difícil misión de mantener el orden de las filas (formadas en orden alfabético según el primer apellido de los alumnos) con buenos modos: “por favor…”, “harías el favor…” Enternecedor; siempre que puedo les echo una mano.

Y siguiendo con el mismo asunto, hoy tocó revisión de cajones por sorpresa. ¿El motivo? Varios: en primer lugar, si no se hace un poco de limpieza cada cierto tiempo, puede crecer una pequeña selva, o formarse un alien alimentado de deshechos donde antes había un aséptico cajón; en segundo lugar, porque los niños tienden a no utilizar sus estanterías individuales y lo tienen todo metido a martillazos en el cajón, con lo que al final del día cargan con todo y al día siguiente vuelven a traerlo todo -por no mirar ni lo que necesitan- con el considerable riesgo para sus espaldas; y la tercera, y más importante, es que los alumnos deben desarrollar -y para eso estamos nosotros- buenas costumbres como el orden, la organización y la higiene.
Conclusión: para ser profe también hay que ser un poco policía. (Vaya, a mí que me gustaba jugar siempre en el bando de los ladrones…)

                                                       Poli bueno… y poli bueno