Mi primer día de Prácticas (todo llega)

Antes de nada, aclarar que en este blog contaré lo que haya que contar, pero no voy a dar los nombres de las personas con las que me relaciono en el colegio de Prácticas (si acaso, una inicial) ni por supuesto el nombre del colegio.  
Nada más llegar, nos reunieron a todos los “profes” de Prácticas para la asignación de cursos. La Jefa de Estudios nos dejó libertad para elegir, con una sola condición: querían un chico para un grupo de 6º algo conflictivo, en el que entre otras cosas hay un niño con síndrome de Down (a partir de ahora: S.) con conducta un tanto desafiante hacia las chicas. Por lo que dicen, una figura masculina le impone más y hace más caso. Y bueno, recogí el guante, ya que de los diez profesores en Prácticas ocho son chicas y sólo dos somos chicos. Mi compañero prefería un 3º, así que bueno, me ofrecí.
El colegio, en un barrio obrero de Madrid, tiene una gran diversidad de nacionalidades, religiones, etc., lo que se traduce lógicamente en una gran diferencia entre los niveles educativos de alumnos dentro de un mismo grupo. Y si algo empiezas a apreciar bien desde un principio gracias a las Prácticas, es la enseñanza individualizada a través de la diversificación curricular y sobre todo a través de los grupos flexibles. Mientras unos alumnos dan mates o lengua en el grupo clase, otros niños de la clase van a otra aula para estudiar la misma asignatura pero con un nivel más adecuado para ellos (Compensatoria). Esto no existía cuando yo estudiaba… Pero me parece fantástico. Eso sí, mi profesora tutora (L.) debe multiplicarse poniendo ejercicios distintos a distintos alumnos, sin descuidarse del buen funcionamiento del resto de la clase.
A S. le dedicaré más de un comentario. Hoy ha estado muy nervioso: es lunes y además estoy yo en clase (una presencia extraña). Tiene graves problemas de comportamiento, de autonomía e intelectuales. Tiene una edad mental de un niño de 2 o 3 años. Hay un técnico (R.) -en permanente contacto con la tutora-, que se lo lleva a pasear o a jugar un poco cuando se cansa, que le acompaña al servicio, etc.
También he tenido el “gusto” de conocer a E., un niño con muy mal comportamiento y muy desafiante. Cuando está L., más o menos se controla; cuando no… Ufff.
En fin, un cuadro completito. Al acabar la jornada me he ido contento a casa, y aunque no me gusta la palabra “reto” -muy utilizada en entrevistas por futbolistas con poco vocabulario o por actrices hablando de un papel en el que hay que destaparse aunque esté helando-, lo cierto es que no se me ocurre otra.
Por cierto, una de las maestras del centro ya me ha dicho eso que hemos oído tantas veces: “enseñar es un arte”. Visto lo visto, no me ha importado volverlo a oír, porque aquí, en el campo de batalla, es donde se entiende de verdad. A trabajar duro.
Acabo por hoy con una frase del compositor y director de orquesta Gustav Mahler: “No hay más que una educación, y es el ejemplo”.

     

      

 

 

Gustav Mahler (1860-1911). Por tu boca habló la sabiduría…                  

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