Las cartas sobre la mesa

Otro día para recordar.

Ayer, L., cansada ya de echar broncas porque bastantes alumnos no hacen gran cosa, pidió a cada niño de la clase que escribiera una carta -para hoy- en la que expusieran sus opiniones, su situación personal, etc. porque el rendimiento general está bajando mucho y eso influye en todas las actividades. Sin ir más lejos, ayer hubo un buen número de alumnos castigados a estudiar durante el recreo y las dos sesiones de Plástica fueron sustituidas por sesión de estudio. ¿Sirve esto para algo? Sinceramente, creo que no, pero…

Pues bien, hoy, a primera hora, tocaba leer en público las cartas. Algunos lo hicieron de forma un tanto rutinaria para salvar el trámite, pero otros se sinceraron y aportaron información de mucho interés; y emoción, mucha emoción.
Dos niñas y un niño han llorado mientras leían sus cartas. Otras dos lo han hecho un poco después. Y a mí -menudo tipo duro- me ha faltado bien poco. Tienes que ser de piedra para no conmoverte cuando estas dos niñas, R. y G., hijas de emigrantes dominicanos y ecuatorianos respectivamente, que se expresan por escrito con mucha dificultad, cuentan que otros niños las insultan; o cuando una de ellas dice que quiere estudiar mucho para alcanzar el nivel de los demás y “no tener que llevar libros de 5º”; o cuando el chico, bromista redomado en el día a día, cuenta que su padre ha encontrado trabajo y ahora él se pasa todo el día solo; o cuando él mismo, entre lágrimas, lee: “no me gusta que la profe ni mi madre me miren fijamente a los ojos porque es difícil asumir las cosas”.
Y no son los únicos; muchos niños viven difíciles situaciones personales y familiares que sólo a veces intuímos.

Mientras los niños leían sus cartas, L. iba apuntando en la pizarra cosas como: “sólo estudio treinta minutos”; “me aburro”; “nos gustaría que la profesora nos riñera menos, aunque sabemos que es por nuestro bien”, “ojalá todos fuésemos amables y no nos insultásemos”, etc. Después, ha hecho una puesta en común haciendo mucho hincapié en que lo principal, en la escuela, es formarse como persona. Para ello es fundamental el respeto y la ayuda mutua.
Y bueno, por lo menos durante el resto del día, muchos niños que estaban reñidos han hecho las paces, todos se han comprometido a mejorar -que no es poco- y el ambiente en clase ha sido más relajado que de costumbre. Que dure.

PD- SA., una niña de Compensatoria que no tenía que escribir la carta -tiene un nivel de 1º o 2º- ha llorado también mientras escuchaba a sus compañeros, y le ha pedido a la profe si ella puede escribir otra carta y leerla mañana. S. es una niña muy cariñosa y trabajadora. Ya os contaré.

Somos un equipo

Hoy, viernes 26/02/10, los alumnos han expuesto sus trabajos en grupo. Casi todos los grupos habían ya solventado sus diferencias y les tocaba presentar sus trabajos sobre distintos artistas como Gaudí, Miguel Ángel, Goya y Velázquez.
¿A qué viene el “casi todos”? A que uno de los grupos, que no ha presentado el trabajo porque a uno de sus miembros  se le ha olvidado (sí, aunque parezca mentira me lo creo, creo que lo tienen hecho), ha aireado en público sus disputas. En este caso, dos chicas acusaban a un chico de no haber hecho casi nada. Como hablando se entiende la gente, todos hemos comprobado que posiblemente ha hecho tanto o más que sus acusadoras. El problema es que este grupo, compuesto por alumnos de muy buen rendimiento, tiene mucho patrón y poco marinero. El choque de fuertes personalidades ha sido evidente al intentar cada uno  imponer sus criterios . Una vez más, le toca a la profesora recordar las actitudes recomendables para trabajar en equipo: no viene mal ser flexible, solidario y generoso. Y el lunes, a entregar el trabajo, claro.
También he tenido oportunidad de asistir a una sesión de programación de aula. Las dos tutoras de 6º han acordado la planificación de actividades -pues van más o menos a la par- para la semana que viene. En este caso, se aprecia una total sintonía entre las dos profesoras, tanto en lo académico como en lo personal. Pero en nuestro futuro como profesores no siempre va a suceder igual. Tomemos nota de lo que pasó hoy entre los alumnos para que mañana no nos pase a nosotros algo parecido.

Tengo que organicionarme

No, no me he equivocado al poner el título. ¿Recordáis Taxi Driver? En esta peli, el protagonista -el loco Travis Bickle, encarnado por Robert De Niro cuando aún era bueno- cuelga un cartel en la pared de su cuchitril, un cartel que reza: “Tengo que organicionarme”. Piensa que al ser una palabra más larga y “seria” que “organizarme”, le ayudará más fácilmente a recordar y cumplir su propósito.
Pues bueno, todo esto viene a cuento -abandonando ya las podridas calles de Nueva York y aterrizando en la escuela- porque pienso que para ser un buen profesor hay que ser muy metódico y ordenado. Si ya hablé en otra entrada del registro de información sobre los alumnos, hoy debo por lo menos destacar el cuaderno de evaluación y la agenda de los alumnos. El cuaderno que L. me mostró, su cuaderno, no sólo incluye las notas de los controles , trabajos, dictados, etc. sino que también qué niños traen los libros y el material necesario a clase, quién realiza actividades complementarias, etc.
La agenda, por otra parte, está pensada para que los niños poco a poco aprendan a “organicionarse”. En ella anotan las tareas a realizar (cada área de un color), la fecha de entrega de trabajos, exámenes, etc. Además, la agenda es el instrumento de comunicación por excelencia con las familias, pues los padres deben firmar cada fin de semana las observaciones de la profesora, las calificaciones obtenidas por sus hijos en las pruebas realizadas, etc.

Y siguiendo con el capítulo de resolución de conflictos, tomad nota: S (el niño con síndrome de Down) rompe una hoja del libro de un compañero. La profesora se acerca a S, le rompe una hoja del suyo y le pregunta si le gusta ahora su libro. S, contrariado, contesta entre dientes que no. Lección moral: “No hagas al prójimo lo que no quieres que te hagan a ti”.

PD- Tranquilos, luego pegó las hojas con celo y todos tan contentos.

  Travis Bickle, el último mohicano 

Tiempo ganado

Hola otra vez. En mi tercer día de Prácticas (24/02/10) he recibido alguna lección de lo más interesante. Y gratis.
La tutora del grupo (L.) ha dedicado la primera clase (de Cono) ha resolver algún que otro conflicto. Las discusiones entre los alumnos al hacer un trabajo en grupo quedan zanjadas, tras escuchar a los protagonistas,  al recordar la profesora que en un equipo todos ganan y todos pierden, y todos deben asumir su responsabilidad.
Otro caso curioso es el de dos compañeras que se pelean por un “ya no te junto, mis padres no quieren que vaya contigo”. Aquí, L. hace una distinción clara entre lo que es ser “compañero” o “amigo”. En la escuela no se obliga a nadie a ser amigo de nadie, pero todos deben ser compañeros y respetarse.
A la profesora no le ha importado perder una sesión -con el poquito tiempo que hay- en hacer una especie de tutoría centrada en valores y actitudes. He escrito “perder”, pero sin duda es tiempo ganado. No todo en la escuela es, afortunadamente, enseñar y aprender datos, fechas, operaciones matemáticas.